Este Halloween, nuestro alumnado se adentra en el misterioso pueblo de Valdemora, un lugar abandonado desde hace casi 200 años tras una serie de terribles desapariciones.
Una pareja aparentemente normal, unos extraños caramelos rojos y una maldición que parece no tener fin…
¿Te atreves a escuchar nuestra historia de terror? 😱
🎧 ¡Ponte los auriculares, apaga las luces y disfruta de nuestro podcast de Halloween!
Pero recuerda… ¡NO TE COMAS EL CARAMELO! 🍬💀
A continuación os dejamos la transcripción de la historia:
LOS CARAMELOS DE LA MUERTE
Podcast de terror de Halloween
PARTE 1. EL PUEBLO MALDITO
Narrador 1
[Sonido de viento fuerte. Campanas de una iglesia a lo lejos.]
Hay lugares que es mejor olvidar. Lugares que no aparecen en los mapas. Lugares a los que nadie debería regresar.
Nuestro pueblo era uno de ellos.
Se llamaba Valdemora.
Era un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques oscuros. En el año 1826 vivíamos allí unas cien personas. Todos nos conocíamos. Los niños jugaban en las calles, los vecinos se saludaban y las familias se reunían cada noche junto al fuego.
Pero había algo que todos temíamos.
La noche de Halloween.
Todo empezó un 31 de octubre.
Aquella noche desapareció una niña de ocho años llamada Elena. Sus padres la buscaron por todo el pueblo. Revisaron los establos, las casas y hasta el cementerio.
Nunca la encontraron.
Lo único que apareció fue un pequeño caramelo rojo, tirado en la puerta de su casa.
Al año siguiente desaparecieron tres personas más. Y otra vez encontraron caramelos. Uno en cada lugar donde habían visto por última vez a los desaparecidos.
Con el paso de los años, aquello se convirtió en una pesadilla. Cada Halloween desaparecían más vecinos.
La gente comenzó a cerrar las puertas con llave, a cubrir las ventanas y a esconderse cuando caía la noche.
Pero no servía de nada.
Los desaparecidos nunca regresaban. Y siempre aparecían aquellos malditos caramelos.
[Sonido de un caramelo abriéndose.]
Recuerdo perfectamente la última noche de Halloween que vivimos en Valdemora. Era el 31 de octubre de 1831.
A las doce en punto, alguien llamó a mi puerta.
[Tres golpes lentos en una puerta: TOC… TOC… TOC…]
Me acerqué despacio.
—¿Quién está ahí? —pregunté.
Nadie contestó.
Abrí la puerta.
No había nadie.
Solo un caramelo rojo en el suelo.
Y una nota escrita con una letra muy elegante:
«Esta noche os toca a vosotros».
[Golpe de música inquietante. Corte brusco.]
PARTE 2. LOS VECINOS PERFECTOS
Narrador 2
[Crujidos de madera. Reloj antiguo marcando las doce.]
Yo también vivía en Valdemora.
Y aquella noche descubrí quién estaba detrás de las desapariciones.
Lo peor de todo es que los conocíamos perfectamente.
Eran nuestros vecinos.
El señor y la señora Valdemar.
Vivían en una pequeña casa al final del pueblo. El señor Valdemar era un hombre educado. Siempre llevaba un abrigo negro y un sombrero elegante. Saludaba a todo el mundo y ayudaba a los vecinos cuando lo necesitaban.
Su esposa era igual de amable.
La señora Valdemar preparaba dulces para los niños y todos los domingos llevaba comida a las familias más pobres.
Nadie sospechaba de ellos.
Eran una pareja completamente normal.
O eso creíamos.
Aquella noche vi algo extraño.
Desde mi ventana observé a la señora Valdemar caminando por la calle con una cesta llena de caramelos rojos.
Detrás de ella iba su marido.
Arrastraba un enorme saco negro.
El saco se movía.
Y desde su interior escuché una voz.
[Sonido de algo pesado arrastrándose. Un gemido lejano.]
—¡Socorro! ¡Por favor, ayudadme!
Sentí que el corazón se me detenía.
Me escondí detrás de la cortina.
Entonces la señora Valdemar levantó la cabeza.
Miró directamente hacia mi ventana.
Y sonrió.
Una sonrisa demasiado grande.
Demasiado quieta.
Como si ya supiera que yo estaba allí.
Corrí a buscar a mis amigos.
Los cuatro decidimos seguirlos hasta su casa.
Cuando llegamos, la puerta estaba entreabierta.
Entramos en silencio.
La casa olía a azúcar quemado y a humedad.
En el salón había cientos de fotografías de personas desaparecidas.
Debajo de cada fotografía había un caramelo rojo.
Y en una mesa encontramos un libro.
Era una lista con los nombres de todos los vecinos.
Muchos estaban tachados.
Pero cuatro nombres aparecían rodeados con tinta roja.
Los nuestros.
De pronto, escuchamos una voz detrás de nosotros.
—¡Qué alegría! ¡Han venido nuestros últimos invitados!
Era la señora Valdemar.
Y a su lado estaba su marido, sosteniendo cuatro caramelos.
[Risa muy suave. Puerta cerrándose de golpe.]
PARTE 3. LA NOCHE EN QUE MURIÓ VALDEMORA
Narrador 3
[Música de tensión. Respiraciones agitadas. Una cerradura girando.]
Nunca olvidaré sus caras.
El señor Valdemar nos observaba sin parpadear.
Su mujer seguía sonriendo.
—Llevamos muchos años preparando esta noche —dijo él.
—Y por fin vamos a terminar nuestro trabajo —añadió ella.
Intentamos escapar, pero todas las puertas estaban cerradas.
Entonces el señor Valdemar nos explicó su terrible secreto.
Habían encontrado un antiguo libro de magia negra en una cripta del cementerio.
El libro prometía algo imposible.
La vida eterna.
Pero había un precio.
Cada noche de Halloween debían entregar nuevas víctimas a una fuerza oscura que vivía bajo el pueblo.
Los caramelos rojos eran su señal.
Cada caramelo marcaba a una persona que iba a desaparecer.
Durante años, los Valdemar habían engañado a todos.
Ofrecían dulces.
Sonreían.
Invitaban a sus vecinos a casa.
Y después…
Nunca más se sabía de ellos.
Pero aquella noche era diferente.
Solo quedábamos cuatro habitantes sin marcar.
Nosotros.
Si conseguían atraparnos, completarían el ritual y vivirían para siempre.
[Latidos de corazón. Música que aumenta lentamente.]
La señora Valdemar se acercó y nos ofreció los caramelos.
—Vamos, queridos. Solo tenéis que probar uno.
Nadie se movió.
Entonces su sonrisa desapareció.
Y gritó con una voz que ya no parecía humana:
—¡COMED LOS CARAMELOS!
[Grito distorsionado. Cristales rompiéndose.]
Empujamos una mesa contra ellos y salimos corriendo hacia la cocina.
Allí encontramos una trampilla que llevaba al sótano.
Bajamos pensando que podríamos escapar por algún túnel.
Pero lo que vimos fue mucho peor.
Había cientos de caramelos esparcidos por el suelo.
Y junto a ellos, montones de zapatos, juguetes y objetos de los desaparecidos.
En el centro del sótano había un enorme círculo dibujado con símbolos extraños.
Cuatro velas negras estaban encendidas.
Y alrededor del círculo escuchamos susurros.
Cientos de voces repetían nuestros nombres.
[Susurros superpuestos. Gotas de agua. Sonido grave.]
Entonces vimos algo moverse en la oscuridad.
Una sombra gigantesca comenzó a levantarse del suelo.
No tenía rostro.
No tenía ojos.
Pero sabíamos que nos estaba mirando.
Salimos corriendo por un túnel que comunicaba el sótano con el bosque.
Detrás de nosotros escuchamos los pasos de los Valdemar.
Y la voz de aquella cosa.
—No podéis escapar…
De repente, la tierra comenzó a temblar.
Se escucharon gritos por todo el pueblo.
Las campanas de la iglesia empezaron a sonar solas.
Una niebla negra cubrió las calles.
Y las casas comenzaron a derrumbarse.
[Campanas rápidas. Madera rompiéndose. Viento fuerte. Gritos lejanos.]
Corrimos hasta llegar a lo alto de la montaña.
Desde allí vimos cómo Valdemora desaparecía entre la niebla.
Cuando salió el sol, el pueblo estaba completamente vacío.
Las puertas abiertas.
Las mesas preparadas para cenar.
La ropa tendida.
Pero ni una sola persona.
Solo nosotros cuatro habíamos conseguido sobrevivir.
Y en todas las calles…
Había caramelos rojos.
[Silencio completo durante cinco segundos.]
PARTE 4. EL ÚLTIMO CARAMELO
Narrador 4
[Viento suave. Una caja de música antigua. Música de misterio.]
Han pasado casi doscientos años desde aquella noche.
Quizás os preguntéis cómo es posible que los cuatro sigamos vivos para contarlo.
Durante mucho tiempo, nosotros también nos lo preguntamos.
Al escapar del pueblo, pensamos que habíamos derrotado a los Valdemar.
Pero nos equivocamos.
La maldición no había terminado.
Aquella noche, cuando la sombra surgió del sótano, algo nos ocurrió también a nosotros.
Desde entonces, no hemos envejecido ni un solo día.
Hemos cambiado de nombre.
Hemos vivido en distintos lugares.
Hemos visto pasar generaciones enteras.
Y durante todos estos años hemos intentado encontrar a los Valdemar.
Porque ellos también siguen vivos.
En 1892, una familia desapareció de una casa en Londres.
La policía encontró cuatro caramelos rojos sobre la mesa.
En 1947, cinco personas desaparecieron de un pequeño hotel en Francia.
En la recepción encontraron una cesta de caramelos.
Y en 1998, un niño aseguró haber visto a una pareja muy elegante repartiendo dulces cerca de un cementerio.
El hombre llevaba un sombrero negro.
La mujer tenía una sonrisa demasiado grande.
Desde entonces, los rumores no han dejado de aparecer.
Dicen que los Valdemar viajan de pueblo en pueblo.
Que nunca envejecen.
Que cada Halloween buscan nuevas víctimas para alimentar a la criatura que les concedió la vida eterna.
Y que siempre dejan caramelos rojos.
[Sonido de un reloj. Doce campanadas lentas.]
Por eso hemos decidido contar nuestra historia.
Durante casi dos siglos hemos guardado silencio.
Pero ya no podemos seguir escondiéndonos.
Porque hace unos días recibimos una carta.
No tenía remitente.
Dentro había una fotografía.
Aparecíamos nosotros cuatro, exactamente como éramos en 1831.
Y detrás de nosotros…
Estaban el señor y la señora Valdemar.
Sonriendo.
En el reverso de la fotografía había un mensaje:
«Nos faltan cuatro caramelos para terminar».
[Música de tensión creciente. Pausa.]
Anoche escuché que alguien llamaba a mi puerta.
Tres golpes.
[TOC… TOC… TOC…]
Cuando abrí, no había nadie.
Solo encontré cuatro caramelos rojos.
Uno para cada uno de nosotros.
Y una última nota.
Decía:
«Este Halloween no escaparéis».
[Silencio de cinco segundos.]
Lo que todavía no os he contado…
Es que esta mañana ha aparecido otro caramelo.
Pero este no era para nosotros.
Tenía escrito un nombre.
[Sonido de pulsaciones.]
El tuyo.
[Sonido dramático]
FIN